lunes, 10 de febrero de 2014

Felicidad



Siempre me he preguntado lo mismo... ¿qué es la felicidad exactamente? 

Es un momento de euforia, en el que piensas que todo es maravilloso, que nada te puede salir mal, que no puedes evitar que una sonrisa sincera y amplia se abra paso en tus labios, provocando en aquellos que te quieren y aprecian un sentimiento agradable, se alegran verdaderamente por ti. Es un periodo de tiempo en el que no puedes pensar negativamente, sientes "algo" en tu cuerpo que va extendiéndose por tu cuerpo, causando una sensación de bienestar que pocas cosas pueden lograr. Cuando una persona es feliz, y le preguntas cualquier cosa, siempre te va a contestar la respuesta más positiva, no verá nada malo en nadie ni en nada, y mostrará una amplia sonrisa, pues nada puede empañar ese sentimiento de confort que lo embarga. 


¿Cómo se consigue la felicidad?

Si tuviera esa cuestión una sola respuesta, sencilla y directa, todo el mundo sería feliz. La felicidad no viene por sí misma, hay que buscarla, y ese esfuerzo que realizas para alcanzarla es lo que verdaderamente te forma como persona, incluso puede hacer que madures un poco y, a lo largo del tiempo, hacerte sentir la persona más afortunada del mundo. Puedes encontrarla sin previo aviso, en muchas ocasiones encuentras lo que buscas cuando menos te lo esperas, cuando estás con la guardia baja; o tienes un objetivo claro, sabes lo que te hace feliz, y vas a por ello con todas las fuerzas que posees. Aunque, todo hay que decirlo, es necesario añadir que nunca debes anteponer tu felicidad a la de los demás: es cierto que en ocasiones uno tiene que pensar en sí mismo, de forma un tanto egoísta, pero no con la contrapartida de pisotear al de al lado, pues si consigues ser feliz a costa del sufrimiento ajeno, nunca vas a llegar a serlo del todo, el sentimiento de culpa y remordimiento no te dejará tranquilo. Si de verdad quieres ser feliz, que ninguna voz interior te machaque día tras día, no sigas la archiconocida frase “el fin justifica los medios”. Si todos caemos ante ella, nos encontraremos a las puertas del apocalipsis que tanto se ve ahora en la televisión, aunque no en la forma de un virus mortal o un cataclismo planetario, sino simplemente por la actuación egoísta y desmedida del propio ser humano.

Esos sentimientos que nos indican que nos encontramos en este estado son muy diversos, y dependiendo de la persona, encontrará la misma en unos aspectos que, para otra, no serían los necesarios para ser feliz. Cosas tan sencillas como tener una colección de música, de libros o de cartas son motivos por los que unos determinados tipos de personas son felices, aunque quizá podríamos decir que se basan en una felicidad más terrena, pero viene a ser felicidad al fin y al cabo. Igual podemos decir de aquellos que encuentran la alegría en el dinero, que sin él no pueden ser felices; es material y temporal, el dinero no va a estar ahí para siempre, y hay cosas que no te puede ofrecer, pero algunos ven en ello su bienestar, y nadie puede contradecirlo ni rechazarlo: para gustos, colores, como siempre se dice. La felicidad que, en mi opinión, deberíamos buscar todos es una que no se encuentra ni en el dinero, ni en ningún tipo de bien material, sino simple y llanamente en las relaciones que tengas con las personas que más aprecias.

¿Acaso no te sientes bien, a gusto, sin temor a que pase nada, cuando estás con aquellos a los que aprecias y eres apreciado? Es la mejor sensación del mundo, cuando te das cuenta de que le importas a alguien, de que puedes contar con ellos para lo que sea, que no estás solo en esta vida, que cargan con tus problemas y te ayudan a solucionarlos, que te aportan protección cuando más lo necesitas. No hay mejor sentimiento que conduzca a la felicidad que sentirse amado, y que trasladar ese sentimiento de afecto a los demás. Ya no hablo de tener pareja, sino de tener amigos -la pareja puede considerarse, en mi opinión, en un tipo de amigo -, pero que solo podrán llevarte a la felicidad si lo son de verdad, y no de ese tipo que apenas saben nada de ti, hablo de aquellos con los que has compartido toda una vida, que los conoces de tal forma que sabes hasta cómo van a actuar o qué van a decir, de ese tipo de amistad puede emanar la felicidad. El ser humano tiene inherente ese sentimiento de vivir en comunidad, le aterra vivir solo sin nadie con quien apoyarse, como los animales que nos rodean –no somos tan diferentes de ellos por lo que se ve-, y “necesitamos” que alguien esté a nuestro lado. Entonces, si es así, ¿por qué no ser listos y tener a nuestro lado personas con las que sí que se merece la pena estar y compartir experiencias en esto que llamamos vida?

Luego, claro está, se encuentra la pareja. No es que sin pareja no puedas llegar a ser feliz -hay gente que lo piensa y que yo no estoy del todo de acuerdo con ello -, sino que se podría decir que es una de las vías para alcanzarla, tan válida como cualquier otra. Pero no es fácil, creo que es la más complicada, pues tienes que encontrar a alguien que te aguante en los momentos buenos, pero sobre todo en los malos, que te quiera tal y como eres, que vea más allá de tu físico, teniendo especial interés en aquellas cosas que nunca van a caducar -como el intelecto, los gustos, tener la cabeza más o menos amueblada -, aunque hay gente que prefiere salir con personas más atractivas física que mentalmente. De nuevo para gustos, colores. Pero, con el paso del tiempo, cuando llegas a una afinidad y vinculación tal con la pareja -no hablo de almas gemelas, pues creo que eso no existe, es una mera expresión o frase de ligoteo -, que convivir se hace llevadero y agradable, ya te encuentras a las puertas -por no decir ya en el interior-, de la felicidad. Es alguien con el que te sientes bien y, sobre todas las cosas, eres tú mismo. Si no te comportas como eres en realidad, si eres una mera fachada solo con el objetivo de "agradar" al otro, la relación está abocada al fracaso, Y es un sentimiento tan personal, tan diferente en cada persona, que hasta es difícil de describir.

El objetivo de todo ser humano es ser feliz, eso es obvio, aunque algunos nos influyan en el rumbo que tomamos. Pues en la era en la que vivimos, la de la tecnología y la información, nos han vendido a bombo y platillo que tener más cosas nos hace ser más felices por definición, pero eso no es para nada cierto, ¿Qué es mejor: tener muchas cosas, pero no disfrutar apenas de ellas, ni saber el auténtico aprecio que se merecen; o tener poco, pero con la claridad meridiana de que las adoras, sabes que te hacen feliz y que sin ellas no sería lo mismo? Es tan sencillo como realizar lo siguiente: durante un breve periodo de tiempo, dejar de lado todo lo que consideras que te hace feliz. Si al cabo de ese tiempo, no lo has echado de menos, es que eso en realidad no es causa de tu felicidad, habrá que buscar otras cosas; si, por el contrario, sientes un vacío, que te falta algo, que no eres tan feliz como antes, algo te pasa. Como bien dice esta famosa frase: "te das cuenta de lo mucho que quieres algo cuando lo pierdes".

Vivamos tranquilos, apreciemos lo que tengamos -aunque nos parezca poco -, y cuidémoslo con esmero hasta el fin de los tiempos. No hay nada peor que perder la felicidad y saber que ha sido por nuestro descuido, por nuestra culpa, pues eso sí que nos va a perseguir toda la vida.

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