El mundo está lleno de cosas maravillosas, inexplicables, que el ser humano no puede, en ocasiones, ni llegar a imaginar, o que se encuentra en su mente pero no quiere creer que es real. ¡Acercaos, acercaos! Mis buenos oyentes, escuchad la historia de este viejo que ha vivido larga y cómodamente muchos años, y ya está cansado de la vida y de ver cómo sobrevive a sus seres queridos, uno a uno, como la maldición que los Dioses le impusieron. Todos pensarán, incluidos vosotros mi amado público, que seré simplemente un viejo demente que cuenta historias irreales, que intenta convencer a los que le rodean de cosas que son muy inverosímiles, que no tiene nada mejor que hacer que inventarse cuentos para asustar a los niños, para ganarse algo que llevarse a la boca, o simplemente para pasar el tiempo antes de que llegue la Hora Final. Pero, por desgracia, aún me queda mucho para ese momento, y lo aprovecharé al máximo. No quiero convenceros de que mi historia sea verídica o no, solo que escuchéis y disfrutéis de la misma; debo decir que creer en lo sobrenatural e inexplicable no es malo, es una forma de sentirse bien con uno mismo, de encontrar respuestas sencillas a hechos complicados, llevados por la ignorancia o porque los llamados sabios no saben contestarse a ello. Pero no debo irme por las ramas, que así espantaré a mi amado público. ¡No os vayáis, no os vayáis! Quedaos a escuchar mi historia, os lo ruego. Seguro que no os arrepentiréis...
